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"Los animales y la naturaleza son poca cosa para el hombre cuando el hombre es poca cosa".

jueves, 22 de mayo de 2008

Origenes del gato

Al igual que los perros para encontrar algún punto de referencia debemos remontarnos a los miácidos. Por lo tanto pertenecen al orden de los carnívoros y dentro de él al grupo de los carnívoros terrestres.

Todas las razas de gatos domésticos pertenecen a la misma especie: al grupo de gatos domésticos o sea la forma domesticada del gato salvaje (En Europa: Felis silvestres. En Africa: Felis lyhica. En La India: Felis ornata.), por lo cual ha sido posible cruzar todas las razas entre sí con éxito.

No hay mucha diferencia entre un felino grande y uno pequeño.

El grupo de los felinos grandes abarca dos géneros: los leopardos de las nieves y los felinos grandes propiamente dichos con cuatro especies: león, tigre, jaguar y leopardo.

Y al grupo de los felinos pequeños pertenecen felinos bastante grandes como el puma, el lince, la pantera hasta pequeños como el gato de los pies negros. Existen 15 especies y 28 clases, entre los cuales están los gatos monteses predecesores de los gatos domésticos.

Origenes del perro

Los mamíferos aparecieron en nuestra planeta hace setenta millones de años en los comienzos de la era terciaria, aproximadamente en el período que coincide con la desaparición de los dinosaurios. En el periodo eocénico, hace unos setenta y cinco millones de años, encontramos a los miácidos, grupo del que, a través de innumerables fases evolutivas, proceden todos los carnívoros.

Los fósiles encontrados nos confirman ya en esta época la presencia de los predecesores de los felinos, grandes fuertes y con formidables dientes en forma de sable.

En Europa no existían los cánidos; el primero del que se tiene noticia apareció en el continente norteamericano y su forma recuerda al tejón. Tiene las extremidades cortas, el hocico puntiagudo, el cuerpo largo y la cola muy pelosa: es el Hesperocyon o perro occidental y se considera el primer progenitor de todos los cánidos.

El antepasado del perro llegó al continente euroasiático probablemente por migración a través del istmo que en el pasado unía a América y Asia. Este punto de conjunción (donde hoy se encuentra el estrecho de Bering) permitió a muchas especies, el caballo por ejemplo, ampliar sus reservas de caza y pastos y buscar nuevos territorios en los que vivir y reproducirse, difundiéndose así por todas las latitudes.

Los restos encontrados en Europa permiten fechar la presencia del cánido ancestral hace unos ocho millones de años.
No se puede, de todas formas, establecer quién fue el verdadero antecesor del lobo. Para muchos sería el Canis Etruscus.
El nacimiento del auténtico y verdadero lobo hay que datarlo, sin embargo unos 750.000 años atrás.

miércoles, 21 de mayo de 2008

Empezar

Mi gran deseo es poder devolver algo de todo lo que he recibido durante toda mi vida de esos seres maravillosos que lo brindan todo y cuyo único golpe y dolor lo he recibido siempre con su muerte.

Amelia Murante, una excelente veterinaria, dejó que su perro hablara por ella y creo que es ésta la mejor introducción:

Yo no sé escribir y he tenido que pedirle a ella que traduzca mis pensamientos a su lenguaje.

No siempre me ha sido fácil hacerle comprender las razones y las formas de mis comportamientos, no siempre ha sido sencillo hacer que abandone la visión antropocéntrica tan propia de los seres humanos.

Sé que se ha entregado con todo su esfuerzo desde aquel lejano día en que me recogió,
Aquel día nevaba, hacía un frío de “perros” y yo era pequeño, un pequeñito ovillo marrón, pero me daba perfecta cuenta de que no era normal el que me encontrase abandonado en medio del campo cerca de una gran casa en la que debía haber tantos otros perros y cuyos ladridos amenazadores podía escuchar con toda claridad.

¿Qué hacía allí? ¿Por qué aquél que me había acogido cuando yo tenía unos pocos días de vida y a quien ya quería, me había arrojado fuera de su hermosa, grande, cálida y acogedora casa?

Yo no era nada tranquilo, es verdad, pero todavía mucho menos tranquila me pareció ella; no me parecieron en absoluto amistosas las palabras que dirigió a mi dueño quien, lo comprendí sólo más adelante, me había llevado a ese pobre refugio para perros abandonados sólo porque yo ya no era más que un viejo juguete para su hijo y un auténtico fastidio para toda la familia porque… ¡Me hacía pipí!

Amelia, a quien en casa llaman Puni, casi me arrancó de las manos de mi primer y poco consciente dueño a quien enterró en un aluvión de reproches sobre la brutalidad de su gesto, argumentando la sequedad y frialdad de su corazón capaz de abandonar a su destino a una criatura indefensa como yo y poniendo en evidencia el horrible ejemplo que estaba dando a su propio hijo que podía aprender lo fácil que era desembarazarse de quien es débil, confiado e indefenso.

“¡Qué tipo tan raro!”, pensé para mis adentros, pues (yo era entonces ingenuo e ignorante) no comprendía lo que estaba ocurriendo. Sin embargo se me hizo más simpática cuando, una vez acabado con su torrente de palabras, comenzó a ocuparse de mí y, percatándose de que afuera hacía mucho frío, me llevó consigo a casa.

El sitio no estaba mal y la finca también era de mi agrado. Había otros muchos perros con los que jugar, grande como alanos (eran alanos) pero, de hecho, no me asusté.

“Ciertamente de aquí no me voy”, decidí con firmeza. Es verdad que la había escuchado tranquilizar a su madre diciendo que pronto encontraría una familia con la que yo me encontrara bien, pero yo también sabía que tenía muchas cartas por jugar todavía.
No fue difícil conquistarlas, ni fue difícil ser afectuoso con ellas que tenían conmigo todo tipo de atenciones.

Así han transcurrido ya once años, once años llenos de satisfacciones, once años en los que siempre me he ganado el pan de cada día, porque soy un guardián impávido e infatigable (sobre todo si me siento respaldado por algún alano), soy un compañero fiel y doy confianza, soy, valga la falta de modestia, simpático y alegre, aunque ella se lamente de que ocupo demasiado sitio en la cama.

Así pues mi carrera de perro abandonado no duró más de diez minutos y soy consciente de que he sido afortunado.


Golia


Sí, él ha sido muy afortunado, porque desconoce los horrores a los que las llamadas personas, tantas, les infieren.